
Crecí sin vivir con mi papá.
No fui un niño rodeado de lujos ni de grandes regalos, pero tampoco fui un niño olvidado. Mi padre fue un hombre recio, de esos que madrugan antes que el sol, que callan más de lo que dicen y que creen que el trabajo duro puede remendar las ausencias. Fue un trabajador incansable, responsable, y —desde una perspectiva legal— cumplió: aportaba lo justo y cumplía las visitas pactadas de común acuerdo con mi madre. Nunca hizo falta acudir a los tribunales. No lo juzgo. Nadie debería. Solo Dios puede hacerlo.

Pero, con todo eso, me hubiese gustado tener más tiempo con él. Más presencia.
Más espacio para los silencios compartidos, para los consejos torpes, para los abrazos sin razón. Cuando, después de 30 años, finalmente comenzábamos a conocernos desde la honestidad —como dos hombres, como padre e hijo intentando reconstruirse—, la muerte nos interrumpió. Hoy lo recuerdo. Hoy lo honro. Y, sobre todo, lo respeto. He dedicado mi vida al Derecho de Familia. He visto historias que parten el alma y otras que la restauran. Padres luchando por estar presentes. Madres agotadas por criar solas. Niños perdidos en medio de batallas que no entienden. Y sí: también hay personas que necesitan ayuda de otras disciplinas, incluso de la justicia terrenal, porque el conflicto ya superó los límites del diálogo.
Por eso creo en los acuerdos. Por eso acompaño a padres y madres a buscar salidas dignas. Porque no se trata solo de quién tiene razón, sino de qué es lo mejor para los hijos.
La Biblia dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra” (Éxodo 20:12). Yo lo creo. Porque papá y mamá no son opcionales. Son fundamentales. Son los primeros espejos donde un niño se mira. Y después de tantos años acompañando a familias desde el Derecho, he aprendido que la presencia vale más que cualquier sentencia. Que los padres no deben ser visitantes, sino vínculos vivos. Que estar presente no es aparecer una vez al mes, sino estar con el corazón donde están tus hijos. Porque ser papá no es solo dar dinero, es dar alma. Es estar ahí, sin necesidad de que un juez te obligue. Es saber que el tiempo se va, y que nadie al morir desea haber pasado más horas en el trabajo. Los verdaderos arrepentimientos vienen de no haber amado más y mejor.
A ti, juez o jueza que lees esto: aplica las normas con firmeza, pero también con sensibilidad.
El derecho de los niños a tener un padre no puede depender de papeles fríos ni de excusas adultas. A ti, mamá luchadora: sigue adelante, tienes todo mi respeto. Y a ti, papá que aún no has sabido estar a la altura: aún estás a tiempo. No te quedes siendo solo un nombre en el acta de nacimiento. Hoy, Día del Padre, no escribo como abogado. Escribo como hombre que ha visto lo mejor y lo peor de la paternidad. Como testigo de lo que se pierde cuando no se está. Como alguien que ha aprendido que hay ausencias que duran para siempre, y presencias que salvan una vida.
Porque ser padre no es un rol legal. Es una forma de estar. Es una forma de amar. Y también… una forma de sanar. Y como diría el sabio emperador: “Vive como si ya hubieras muerto y el tiempo que te queda fuera un regalo. Y hazlo con virtud.” Feliz Día del Padre.
Porque ser padre no es un rol legal. Es una forma de estar. Es una forma de amar. Y también… una forma de sanar. Y como diría el sabio emperador: “Vive como si ya hubieras muerto y el tiempo que te queda fuera un regalo. Y hazlo con virtud.” Feliz Día del Padre.
No tengo redes personales. Este espacio es donde comparto lo que he vivido como abogado de familia, pero también como ser humano. Si este artículo resonó contigo, te invito a seguir nuestra página, donde publicamos reflexiones y contenido legal con enfoque humano..
Si estás viviendo una situación legal relacionada con tus hijos, con el ejercicio de la paternidad o la necesidad de encontrar acuerdos reales con el otro progenitor, puedes escribirnos. Acompañamos a padres y madres a construir soluciones —no desde el conflicto, sino desde la responsabilidad afectiva y legal. Porque sí, el Derecho se aplica con técnica, pero también con alma.
Por Jorge León Barahona.
Contenido
- Crecí sin vivir con mi papá.
- Pero, con todo eso, me hubiese gustado tener más tiempo con él. Más presencia.
- Por eso creo en los acuerdos. Por eso acompaño a padres y madres a buscar salidas dignas. Porque no se trata solo de quién tiene razón, sino de qué es lo mejor para los hijos.
- A ti, juez o jueza que lees esto: aplica las normas con firmeza, pero también con sensibilidad.
- Porque ser padre no es un rol legal. Es una forma de estar. Es una forma de amar. Y también… una forma de sanar. Y como diría el sabio emperador: “Vive como si ya hubieras muerto y el tiempo que te queda fuera un regalo. Y hazlo con virtud.” Feliz Día del Padre.









